miércoles, 20 de septiembre de 2023

La psicología de la inclusión


 ¿Qué es la inclusión? 

La inclusión es un concepto estrechamente ligado a la psicología, particularmente a la personalidad y el factor de la "transigencia" del modelo de los Cinco Grandes. Este rasgo se ha erigido como un mecanismo fundamental en el contexto evolutivo humano, contribuyendo a nuestra sobrevivencia como un regulador de la cooperación y el altruismo (DeYoung, 2015a). Estos mecanismos, que una vez impulsaron nuestra adaptación y selección, hoy en día se han refinado a través de herramientas de ingeniería social como la inclusión.

En este contexto, la inclusión es la extensión de estos mecanismos evolutivos hacia una práctica social que no sólo busca tolerancia, sino la plena aceptación y participación de individuos en una comunidad, independientemente de sus diferencias. La inclusión es, por tanto, un fenómeno multidimensional que implica una interacción compleja entre factores psicológicos, sociales y estructurales.

Tenemos desde la psicología comparada y la primatología, para la inclusión, el ejemplo de "Binti Jua", una gorila de 8 años que rescató a un niño de 3 años en el zoológico de Brookfield, mostrando un acto de compasión y cuidado inter-especie (De Waal & García, 2007). Este evento en video capturó la atención mundial y sirve como un claro ejemplo de cómo rasgos relacionados con la inclusión y transigencia no son exclusivos de los seres humanos. Al considerar el comportamiento de Binti Jua en el contexto de la evolución, es evidente que los mecanismos que permiten actos de cooperación y altruismo tienen profundas raíces filogenéticas, presentes incluso en nuestros parientes más cercanos del reino animal.

El factor de la transigencia está impulsado por sistemas dedicados de vinculación afiliativa y regulación social (DeYoung, 2015b). La palabra 'afiliación' tiene una etimología ilustrativa, compuesta por los términos latinos 'hacia' (ad-) e 'hijo' (filus), sugiriendo la incorporación de alguien como si fuese un miembro de la familia o un hijo. Estos impulsos afiliativos están profundamente arraigados en operaciones de discriminación entre lo familiar y lo extraño, fundamentales en los procesos de información social –estudios han mostrado que el tamaño de las regiones cerebrales responsables de los procesos de la información social puede ser predicho por los niveles del factor de la transigencia en un individuo (DeYoung et al., 2010)–. Esto nos proporciona un marco para entender las variaciones individuales en la inclinación hacia la inclusión social. Como lo diría Piaget, dichas operaciones están basadas tanto en sistemas más hereditarios y sensoriomotores como lo están en aquellos relacionados con la moralidad y la ética. Estos sistemas motivadores explican por qué la transigencia se integra en el metarasgo de la estabilidad, junto con el neuroticismo y la escrupulosidad, contribuyendo a la conservación del sistema para el logro de objetivos y metas.

Aspectos de la transigencia y la inclusión

El rasgo de la transigencia entonces se descompone en dos aspectos principales: compasión y amabilidad. Este último se relaciona con la resistencia al abuso y explotación de otros, funcionando como un inhibidor de las tendencias psicopatológicas a la "explotatividad" que conllevan niveles bajos de transigencia (DeYoung et al., 2016a). A nivel social, el aspecto de la amabilidad regula nuestra comprensión facultando el reconocimiento y valoración de las aportaciones que diversos grupos hacen a la sociedad, asegurando que los beneficios en ámbitos como la economía, la educación y la salud se distribuyan de manera recíproca.

La compasión, por otro lado, incluye procesos emocionales automáticos que son vitales para la coordinación interpersonal en sistemas sociales. Estos procesos abarcan la empatía, el cuidado y la preocupación hacia los demás, como se demuestra en el caso de Binti Jua. A nivel social, el factor de transigencia fomenta la preocupación y el interés por los grupos que requieren apoyo adicional, y también potencia la concienciación sobre sus estados emocionales y sus necesidades específicas. 

Además, se ha observado que las personas con bajos niveles de transigencia suelen ser menos empáticas y más egocéntricas. Los bajos niveles de transigencia están asociados al egocentrismo, que es un rasgo definitorio en trastornos del espectro autista (Begeer et al., 2016). Específicamente, existe una correlación negativa entre los niveles de transigencia y el autismo (Tsai et al., 2018). Desde una perspectiva clínica, la baja transigencia también se ha asociado con trastornos de personalidad por antagonismo (DeYoung et al., 2016b), lo que podría contribuir a la exclusión de distintos grupos sociales.

Conclusión

La transigencia, desglosada en sus aspectos fundamentales de compasión y amabilidad, se revela como un elemento clave en la construcción de una conciencia social inclusiva. No solo influye en la manera en que percibimos, evaluamos e interactuamos con los individuos que nos rodean, sino que también actúa como un sistema motivador subyacente que establece y orienta nuestros objetivos en función de la vinculación afiliativa y el respeto a las normas sociales. Esta dimensión motivadora refuerza nuestra tendencia a mantener estructuras sociales estables y funcionales, ampliando así nuestra capacidad para la cooperación y la inclusión social más allá de los límites de lo que consideramos 'familiar'.


DeYoung, C. G. (2015). Cybernetic big five theory. Journal of research in personality, 56, 33-58.

DeYoung, C. G., Hirsh, J. B., Shane, M. S., Papademetris, X., Rajeevan, N., & Gray, J. R. (2010). Testing predictions from personality neuroscience: Brain structure and the big five. Psychological science, 21(6), 820-828.

DeYoung, C. G., Carey, B. E., Krueger, R. F., & Ross, S. R. (2016). Ten aspects of the Big Five in the Personality Inventory for DSM–5. Personality Disorders: Theory, Research, and Treatment, 7(2), 113.

De Waal, F. B. M., & García, A. (2007). El mono que llevamos dentro. Madrid: Tusquets.

Tsai, M. N., Wu, C. L., Tseng, L. P., An, C. P., & Chen, H. C. (2018). Extraversion is a mediator of gelotophobia: A study of autism spectrum disorder and the Big Five. Frontiers in psychology, 9, 150.

Begeer, S., Bernstein, D. M., Aßfalg, A., Azdad, H., Glasbergen, T., Wierda, M., & Koot, H. M. (2016). Equal egocentric bias in school-aged children with and without autism spectrum disorders. Journal of experimental child psychology, 144, 15–26. https://doi.org/10.1016/j.jecp.2015.10.018


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